miércoles, 7 de enero de 2015

París y la barbarie.

Existen cosas en la vida sobre las que es imposible ironizar aunque en éste, nuestro gran país, siempre habrá un roto para un descosido.

Hoy me he comido, porque ha sido durante ese momento del día cuando me he enterado, con la noticia del atentado en la sede de Charlie Hebdo en París. Doce personas muertas y un numero considerable de heridos, algunos de ellos de gravedad. Doce historias que no seguirán su recorrido; doce familias sin su ser querido; doce amigos que serán echados de menos; doce compañeros; doce vecinos; doce transeúntes...

Hay cosas sobre las que me da miedo hablar porque no me desenvuelvo en ellas con medida. Porque no consigo medir la repudia, la indignación, el asco, cuando se trata de la intolerancia que arrastra a la muerte.

No estamos en un mundo fácil, está claro, pero ¿cómo va a serlo cuando no nos escuchamos con respeto, cuando cada uno de nosotros se cree en posesión de la verdad y desprecia al que tiene enfrente, cuando cuesta más tender una mano que pisarla?.

Un tristísimo suceso para comenzar el año. Un desastre que se repetirá, desgraciadamente, en cualquier otro lugar y en cualquier otro momento aunque la inmensa mayoría de la población del planeta esté en total desacuerdo con esta lacra. Una historia...la nuestra, que se teñirá de sangre una y mil veces mientras cada uno de nosotros no empiece por ser tolerante con el que tiene a su lado cada día de la vida que le ha sido regalada.


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